Metro, con M de Música
- beatboothcat

- 31 mar 2020
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 3 jun 2020
ALBA CARNICÉ
Aquellos que vivimos en grandes ciudades y utilizamos el transporte público estaremos acostumbrados a escuchar en el vagón del metro, sin previo aviso ni opción alguna, a músicos de viento, cuerda, voz, pandereta y todo tipo de artilugios reciclados. Algunos de estos nos irritan, sobre todo un lunes por la mañana, nos desconcentran cuando repasamos un examen que tenemos de la universidad o simplemente nos golpean con míticas canciones que escuchaban nuestros padres, como “Bésame mucho”, o la canción de aquel verano que sonaba mil y una veces en la radio, “Despacito”, y que se te engancha como un chicle en la suela del zapato durante todo el día. Un ejemplo es la ciudad de Madrid. El portavoz del PP en pleno distrito Centro, Juan José Cigarán, pidió “medidas drásticas para atajar el cansancio que sufren músicos tocando lo mismo hasta cinco horas seguidas”. Pero esto no solo pasa en Madrid. El metro de Barcelona también es un destino para muchos artistas. Y es que hay 38 puntos habilitados para que muchos de ellos toquen su música.
A las ocho de la mañana el silencio en el transporte público es un bien preciado por aquellos que vamos a estudiar o trabajar como cerdos al matadero. Poco espacio y, además, tener que compartir fragancias corporales sólo se puede compensar con un buen músico, acompañado por su acordeón, contrabajo y piano de cuerda, ¿verdad? No ocupa nada de espacio. Mi expresión facial cambia cuando aprieta el botón para abrir la puerta, que por cierto, se tendría que ponerle aceite porque hace un ruido insoportable, y entra con todos sus instrumentos para hacerse un hueco. Todo un viaje, ocho paradas hasta Plaça Catalunya, donde tengo que parar mi idílica música porque sino se mezcla con la del músico y suena de maravilla.
A las 12 del mediodía mi comportamiento de ogro anterior cambia bruscamente. Tendríais que saber ya el porqué. El viaje de vuelta a casa, otra vez ocho paradas hasta Plaça del Centre, se transforman en un paraíso de sonidos. Con una sola parada, 1 minuto, el ritmo se me contagia; primero empieza por los pies, que siguen el ritmo de la música, continúa hacia las manos, la boca, que susurra la letra del “temazo” y acaba con mi mirada hacia el músico del metro. Alucinante.
Poca gente se digna a mirar a los músicos del transporte público.
Puedo justificarlo. La mayoría de gente nos dignamos a etiquetar a los músicos de calle como artistas sin talento. Que caraduras. La mayoría de veces ni nos paramos a escucharlos y, de paso, se llevan un estereotipo negativo. Pero ojo, ¡en el metro solo los mejores pueden tocar! Según TMB y la Associació de Músics del carrer i del metro (AMUC) evalúan a candidatos para poder garantizar calidad de oferta musical en el metro.
No sé porqué ese músico está tocando en el metro. Puede que no le guste el mundo tan comercial como es el de la música y sólo quiere hacer disfrutar a los oyentes irritados que van con la mirada fija al suelo, o puede que ese músico quiera hacerse un hueco en el mundillo y ganarse un dinero.
Quién sabe. Según #Cesc (@Cescoficial), músico conocido por tocar en el metro, “es una forma de hacerse oír, una forma más directa. Por cojones, alguien me tiene que escuchar”. Pero la música en el metro no engloba sólo al músico con su montón de instrumentos. La audiencia, nosotros, jugamos un papel muy importante. Somos responsables de lo que allí, en el vagón del medio, sucede. Es un acto de retroalimentación. El músico percibe las sensaciones. Y si estas son las de un lunes a las ocho de la mañana, nos tendríamos que plantear la clase de tortura que le estamos haciendo al pobre músico. Un músico que su intención es dar vida a los vagones tan silenciosos de Barcelona, una ciudad que les brinda la oportunidad de hacerse oír, incluso organizaron un festival de música en el año 2006 (Festival Músics al Metro).
Entonces, si nuestra ciudad les ofrece ocasiones de poder tocar su música, ¿por qué nosotros se la queremos quitar?
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